miércoles, 21 de abril de 2010

me llevo todos; envuélvalos para regalo, por favor.





...entonces caminé hasta el final del pasillo, doblé a la derecha, y me encontré ante la gigante pared blanca (en su mayor parte) mullida.


Sí, la enorme góndola de papel higiénico (y rollos de cocina).




La instintiva costumbre me llevó a intentar localizar el pack grande, probablemente de seis u ocho rollos, con algún dibujo de perrito, de papel color blanco, y con apariencia medianamente suave. Lo de siempre.

Pero resulta que esta vez, todo había cambiado.

Había ochentamil paquetes iguales. Sí, eran todos iguales.

Ah no, esperá. Este tiene doble hoja.

Y este tiene hoja simple, pero no tiene apariencia suave, no tiene dibujos labraditos en el papel.

Este tiene hoja doble, y dibujos labraditos en el papel, y tiene 30 metros.

Este tiene hoja simple, 80 metros, y es blanco, pero no labrado.

Este tiene hoja simple, 30 metros, y es blanco y labrado.


(...)


Bueno, así, mi cabeza identificó un notable número de combinaciones diferentes, y de pronto el paquete que yo quería agarrar se encontraba mimetizado entre todos los Sres. Smith que tenía delante, sí, como en Matrix. (off topic: ay Neo, vení llevame vos el changuito!)

Entonces se me ocurrió hacer algo que creí no sólo concienzudo, sino práctico y simple: elegir la mejor opción, por el mejor precio. Esto se manifiesta como (calidad+cantidad<-menor precio), donde el ítem que presente la calidad más alta, y que tuviese la mayor cantidad posible, estaría íntimamente ligado al precio más alto dentro de los márgenes económicos.


Claro que con tantas opciones presentes, era difícil tomar en cuenta más de una variable a la vez, por lo que decidí ir una por una.

Sin embargo, se complicó bastante el asunto: pronto me descubrí comparando costos en función de la cantidad de rollos, luego la cantidad de rollos en función a la cantidad de metros que traía el pack en total, luego la cantidad de metros de cada rollo en función al precio del pack que menos cantidad traía, porque en realidad era el que más metros incluía.

En definitiva, fue un desastre matemático en mi cabeza.

Luego de lo que podrían haber sido tres o cuatro eternos minutos, navegando entre perros labradores, suaves sedas blancas, perfumes de bebé y suavidades higiénicas, volví al mundo y a la realidad de supermercado, mirando hacia mis costados, para ver si alguien me había estado observando y riéndose de tanta disyuntiva. Por suerte, solo estaba yo (junto a los ochentamil Sres. Smith, y las cámaras de seguridad, claro).


Finalmente, ya bastante acalorada, cansada de sostener el canastito con las verduras, y con enormes ganas de ir a merendar, agarré el pack de siempre: el del perrito, de color blanco, con dibujos labraditos, de seis rollos (hoja doble, 30 metros), y sin mirar el precio, caminé en dirección a la caja, pensando que había hecho una buena elección.-





1 comentario:

  1. Es que elegir el papel es toooodo un tema. Cuando te acordás de comprarlo, claro. ;)

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