viernes, 25 de junio de 2010

infanticitis#2






recuerdo que adoraba los libros,
pero odiaba los libros para colorear.


quiero decir,
odiar, es una palabra muy fuerte para un niño:
yo disfrutaba los dibujos,
escribía al margen de los retratos
pero eran contadas las páginas
que tenían manchones de colores
en los cachetes de la princesa,
en las manchas del perro juguetón,
en las alas de los pájaros y la cola del gato.

posteriormente,
me recuerdo (casi adulta),
con ocho o nueve años
dibujando millonadas
pero buscando excusas al momento de rellenarlas
con colores
que no fueran el negro
o blanco
o el color de fondo de la hoja.

me tengo que ir a bañar
me estoy haciendo pis
me voy a tomar la merienda
me llama mamá
me llama papá
me llama el perro a jugar con él.

y siempre
pero siempre


me aburría colorear.


yo intentaba con ganas usar los colores que tenía a mano
las fibras silvapen
los crayones jovi
los crayones del tren 20x$1 que nunca pintaban
los acuarelables faber castell


pero no.
y siempre me sentí medio mal por ello, cuasi incompleta.
o culpable

por tener toneladas de dibujos

y de libros para colorear

en blanco
y negro
con quizá algún manchón amarillo alrededor del sol.


pero siempre
siempre
seguí intentándolo

aunque no lograra nunca
más que esporádicas manchas errantes.


sin embargo
yo siempre
siempre
los firmaba con mi nombre.

yo me hacía cargo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario