sábado, 3 de julio de 2010

la #tercera es la vencida




hay muchas maneras de conseguir una regresión a la infancia:

la leche chocolatada / el submarino,

el olor a Vick VapoRub,

el jarabe para la tos / el nebulizador,

los caños torneados de las calesitas de barrio,

el olor a garrapiñada,

golosinas: los fizz, las gomitas de eucalipto, las yapa, el paragüitas, las dolca,

correr una carrera,

las estrellitas, chaski-boom o bengalas en año nuevo, con ese olor a humo de colores,

que te hagan una trenza cosida en el pelo,

la sopa de fideos cabello de ángel, o sopa de letras,

ver el frasco rosa de ''mujercitas'', ''coqueterías'' o ''sweet honesty'',

comprarse figuritas aún sin tener álbum,


caerse.





La peor forma de regresar a cuando tenías seis años, es tropezándote y cayéndote.
Me pasó sólo dos veces (que recuerde), y sé que para los papelones tengo buena memoria.
La primera vez, fue en la clase de música, frente a todo el curso. Recuerdo que la mayoría de mis compañeritos estaba desparramada por todo el salón, por ende dudo que muchos hayan tenido la gracia de poder ver mi bombacha blanca con lunares verdes (sí, en esa época las nenas usabamos ''bombachas'' no 'culottes' o 'vedetinas'), derrapando en cámara lenta. Sí, sí. La recuerdo muy bien. Digo, a la bombacha, y a la caída.

La segunda vez, fue en cuarto grado, corriendo una paloma en el patio durante el recreo, y me salió un poquito más caro. No me vio casi nadie, salvo las tres amigas con las que estaba, pero me esguincé por primera vez el tobillo izquierdo.

Y la tercera fue hoy. Señorita a pleno, corriendo por Avenida Santa Fé y Rodríguez Peña, con el tapado negro, jeans chupines, bufanda a rayas y borcegos.
Y caí en cámara lenta, no como la de la paloma, sino como la de la bombacha a lunares.



Quiero volver a sentirme grande otra vez.
En esta ocasión, era de color rosa y con encaje.


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