martes, 7 de septiembre de 2010

del invierno que se va (o no).




Y sí, un invierno más que se empieza a ir, luego de sorprendernos con el viento ese congeladito que sopla por debajo de las polleras y traspasa las medias de lycra para enfriarnos hasta el más recóndito de nuestros pensamientos!

Ese viento ligero pero feroz, que, cuando tenemos que sacar el celular del bolsillo mientras esperamos en la parada del colectivo (que nunca viene), nos transforma los dedos en inútiles cilindros insensibles (e inservibles), que deben hacer malabares para marcar el número del radiotaxi en nuestro celular, sin siquiera sentir cuando las yemas tocan el vidrio. Maldito teléfono táctil, por qué no existen más los discos giratorios de entel!

Otra temporada invernal que se va, luego de garuar sobre el auto, durmiendo tan descuidado en la vereda todas las noches, casi a punto de congelarse! Pero casi, porque a la mañana siguiente llegábamos nosotros, apuradísimos, intentando arrancarlo de su letargo lo más rápido posible, para que nos teletransportase al trabajo y no llegáramos tarde!!

¿Cuántas veces hemos deseado que esa agüita de la nariz desaparezca, antes que sea demasiado tarde, y nos encontremos maldiciendo aquel día que sacamos los pañuelos descartables de la cartera? O el día que usamos el último pañuelo que nos quedaba para limpiarnos el 'barrito' de las botas, antes de entrar a la oficina! (a esa devastadora lluvia invernal démosle gracias).

¿Cuántas veces tuvimos que soportar ese pseudo caluroso dolor de garganta y tos horribles, que aunque hayamos querido disipar con una pastilla Halls, nos hace transpirar de fiebre bajo la campera que, en realidad, no nos abrigaba lo suficiente? Sumado a eso, el invierno suele convertirnos las Halls en pequeños hielitos de mentol, que hacen que se nos piante un lagrimón mientras las comemos (en la parada del bondi, pero esperando al taxi que ya está en camino).

Más allá de todo esto, lo que sí voy a extrañar de este invierno que se retira, es ese intenso deseo de dormir a cucharadas, sacando provecho de lo que nuestro buen amigo Joseph Fourier decía en su ley de conducción del calor.

Señoras y Señores, el invierno ESTA HECHO para dormir a cucharadas, y no levantarse -mínimo- hasta fines de septiembre.

Como ya he dicho en alguna ocasión, esta cucharita de té, sigue buscando su cuchara sopera. Así que me parece que, por las dudas, voy a bancarme un tiempo más de invierno, y lo extiendo hasta octubre.

Quién me dice, quizá la encuentre!

De última... el calor también hace que nos quejemos, verdad? Un tiempo más de invierno no le viene mal a nadie.


Cambio de opinión entonces:
el invierno todavía no se fue y no voy a dejar que se vaya tan rápido (mientras se hace el boludo)! Denme mi cucharón antes de la primavera, carajo!


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