viernes, 10 de diciembre de 2010

tsunami de Saladillo






Ayer me sucedió algo muy molesto. Y es que odio llorar en transportes públicos (aunque la última vez que recordaba haberlo hecho fue unos años atrás, cuando estaba de novia y tenía unos mambos medianamente grosos). Por fortuna, es algo que no me sucede muy seguido. 
Sin embargo, cuando sí sucede, es una cosa dura contra la cual luchar. 
No me molesta el hecho que el resto de la gente se de cuenta que estoy por reventar en la fisiológica-y-sentimentalista-catarata-de-solución-salina, no. Me agobia mucho más, el ser vencida por esa suerte sin contar con un puto pañuelo descartable. Yo ya he hablado de la utilidad y la indispensabilidad (?) de estos cositos en las carteras femeninas. Es un must. Pero cuando no hay, como en estos casos, es una vez más, una gran cagada. Además, las mangas de las remeras o abrigos no siempre son suavecitas, por lo que uno termina con toda la cara roja por las lágrimas, y roja por lo raspada.
También me molesta no contar con rimmel a prueba de agua; esto se traduce a lograr una mancha del tipo máscara de batman, con el correr de las lágrimas por las mejillas.
Prosiguiendo, es horrible tratar de mantener cierta rectitud (cuando sabemos que no vamos a poder), porque hay un punto-emocional-de no-retorno, en el cual ya empezamos a ahogarnos por dentro; a hincharnos de berrinches acumulados; a levantar presión desde las comisuras de la boca, levemente curvadas hacia abajo, hasta la punta del cerebro, que cada vez se apretuja más en un espiral fuera de foco. Y es cuando llegamos a este punto, que reventamos en un tsunami de lágrimas repentinas y desbocadas. Ahí, es mucho peor que cuando veníamos aguantando la melancolía en un principio. Por haber contenido el llanto, para no reventar, terminamos reventando, de tanta cosa contenida. Y si hay algo que sé muy bien, es que por más que cierres los ojos, las pestañas no están hechas para luchar contra la presión de lo que hierve dentro.

Si hay algo que odie más que llorar en transportes públicos, es romper en llanto desconsolada e irrefrenablemente, en transportes públicos.

Cual eclipse, espero no vuelva a sucederme hasta dentro de otros tantos años, porque aunque ya pasaron muchas horas, todavía tengo la cara raspada, y algo hirviendo por lo bajito.









3 comentarios:

  1. dos cosas, dos...
    una respecto al post. la verdad que es HORRIBLE, a mi me paso harà n par de meses, lo contè en mi blog; y la verdad que en el momento del llanto incontrolables es una cosa que te carcome la cabeza y tu mismo llanto, hace que llores mas -en mi caso-, como que una sintiera pena de si misma... en fin..
    A seguir remando, secar las lagrimas, y tomarse un rico nesquick frio para endulzar el corazón.

    Dos: ¡MIL GRACIAS POR LA DATA! no tenìa ni idea, igulamente EN TEORIA yo tenia tildado ese editor en la config pero lo volvi a tildar/guardar por si las moscas. Prestarè mas atencion ahora .- mmm cuando vuelva a actualizar je!.-
    Beso.

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  2. ufa coneja, sos la andrea del boca de los blos.

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  3. Olivia:
    No me da pena, me da bronca. Es peor!
    Ojalá te funcione, a mí se me arregló sólo en parte, sigue siendo una porquería indomable.

    Criatura:
    Algunas cosas tienen algo de drama agregado, para sazonar. Otras cosas tienen drama 100% natural, son más bien orgánicas.
    Ante todo, cuidado, soy adictiva.

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