viernes, 21 de enero de 2011

penélope-



viernes por la mañana,
Sala de espera de hospital. 
Dos horas y media esperando para ser atendida. Sueño, mucho sueño.
Ni un papel para escribir, nadie con quien hablar por teléfono, ningún libro para leer, nadie con quien hablar. Sala repleta (o sea, hasta las bolas) de gente silenciosa. Televisor horrible prendido en te-le-fe con el espantoso programa de Maru Botana y sus boludeces sobre patines entre ella y los de la producción. Revistas disponibles para leer: Seventeen, Caras, o Gente. Ni una puta maquinita de café o gaseosas. Ni comida. Cero posibilidades de levantarse para hacer tiempo en otro lado: imposible irse de allí. 
El único punto a favor: estaba sentada, al menos. Pero más quieta que las lolas de la Mona Lisa.
Juro que en, un momento, pensé que iba a morir de la desesperación. O salir corriendo.- O gritando. O ambas.
No tengo autocontrol para esas cosas, Cristo.

2 comentarios:

  1. Agradecé que no te hablaba un tipo que decía ser Ingeniero y trabajaba en un drugstore.
    Mis peores experiencias fueron en un hospital. Amén.

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  2. Mejor que no aguantes

    aunque a veces...

    salta salta salta, pequeña coneja!

    salú, y gracia a usté por la visita

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