martes, 26 de abril de 2011

(no es de ortiva)







pero que tengas esa pancita de embarazada reciente, no te da el derecho de atravesarte casi corriendo y adelantarte avasalladora en una mini-fila de dos personas, en la parada del colectivo -vacío- que acaba de llegar; subiéndote primero como si la persona que estuviera delante tuyo no existiera.

mínimo, da lugar y tiempo a que te dejen pasar primero. A QUE TE DEJEN.


 este tipo de gente que se lleva el mundo por delante, no me da ganas de ser cortés.
no, ni aunque tenga uno o cien hijos dentro del estómago.
no, ni aunque esté embarazada o indigesta por habérselos comido. 




miércoles, 20 de abril de 2011

y que me lo digas.








Formarse no es nada fácil, pero reformarse lo es menos aún.
Jean Cocteau.-








viernes, 15 de abril de 2011

a-e-i-o-u-i-lo-ve-you!

no es muy inteligente desayunar antes de hacerse análisis clínicos. tampoco es muy inteligente madrugar, desayunar té de tilo, y tratar de empezar a full.
es bastante inteligente comprarse un almuerzo que se pueda fulminar en cualquier transporte público. no es inteligente tener que esperar a bajarse de dicho transporte para comprar la bebida.
es inteligente hacer preguntas de dudas, cuyas respuestas nos solucionarán alguna eventualidad, posteriormente. no es inteligente no anotar dichas respuestas.
es de suertuda llegar a una dependencia -hasta las bolas de gente- para realizar el trámite X, y que al sentarse a esperar, te llamen primero. es de boluda no preguntar cuándo hay que ir a buscar el trámite.
es reconfortante y nostálgico, encontrar en un puesto de libros, viejas ediciones que uno usaba en el colegio y disfrutaba muchísimo. es contracturante y neurálgico no prestar atención a la vereda y llevarse puesto el asiento del diariero.
es increíble y casi mágico, sentir ese olor a libro de colegio y papel araña al entrar a una librería; sentirnos dichosos escolares, libres por el mundo. no es tan mágico que el señor de la librería tarde mil años en atenderte y sacar una mísera fotocopia de tu DNI, y que llegues tarde a tus formalidades adultas.


un día de altos y bajos (más enanos, que roperos, pero bueno!)
ojalá existiese alguna especie de cajita o dispositivo, donde uno pudiera almacenar un olor determinado. aunque más no fuese, un chiquito.
y que, cada vez que se quisiera,  uno pudiese abrirlo y oler lo que hay allí guardado. y guardarlo eternamente. 


por favor si alguien inventa eso, me avisa? 
quiero guardar mi olor a libro de Muzzy, y manual Santillana, gracias.

martes, 12 de abril de 2011

feminista malhumorada

   








hombres!
(lo hacen todo, por las mujeres erróneas)












* * *
 cuando estoy de malhumor tengo que quedarme quietita en un rincón mirando la pared y contando los agujeritos de la pintura hasta que se me pase la mufa porque si pienso en lo que sea o hago lo que sea o leo lo que sea entonces voy a teñir todo con el filtro malaondamultiimagen y aunque me dé cuenta perfectamente de todo eso no quiere decir que lo evite ya que me importa un cuerno and I  just don't give a damn

eso, es malhumor.

viernes, 1 de abril de 2011

feliciñeces



reventar los globitos de los protectores plásticos que vienen con las cosas frágiles.
abrir las cajas de cartón por su troquelado 'abrefácil', tipo las de cereal o avena (aunque casi siempre se me rompen).
hundir la mano en harina, semillas o arena tibia.
hundir el brazo en un balde o pileta con agua, teniendo guantes de goma puestos; sentir ese frío seco raro.
luego de haber estado así todo el día, soltarme el pelo y sacarme una por una las mil invisibles que me pongo.
estrenar un kilogramo de helado, clavando la primer cucharada.
que me regalen golosinas.
primer día de vacaciones en la playa, sacarme las zapatillas y sentir por primera vez el contacto con algo natural (y que no sea una media).
rascarme la espalda cerca de donde me pica, sin estar segura de dónde me pica, y terminar encontrando el lugar exacto donde me pica.
echarme en el sillón con un vaso enorme de limonada un día de verano, luego de acomodar y limpiar todo, y ver la casa reluciente.
meter los pies en agua caliente.
que el teléfono suene, correr, atender en el último ring, y llegar justo, sin que hayan cortado.
que el colectivo me pare aunque no sea la parada, sobre todo si llueve.
andar rápido en bici mirando hacia el cielo, viendo pasar las nubes (aunque ya me hice mierda una vez)
caminar con los ojos cerrados (hasta ahora nunca me choqué nada).
tomar una taza enorme de mate cocido (que llena la panza y el corazón!).
buscar el primer pochoclo del balde, dentro del cine.
terminar un libro.
hacer origami.
escribir, dibujar letras, garabatear horrores sobre cualquier cosa escribible.
que me sonrían sin decir palabra. 
reír por nada, o por algo, hasta que me duelen las costillas.
apilar monedas en torres interminables.
ir por la calle y pasar despreocupadamente la mano por paredes, rejas y texturas varias.
hamacarme en cualquier hamaca de cualquier plaza en cualquier momento.
hornear pan e inundarme del aroma (ver detalle del mate cocido).
irme de viaje, aunque sea corto, y armar una vianda.
descubrir cosas nuevas, que tienen algo de viejo.
conocer a un pe(rr)o.
encontrar paz, aunque sea pequeña.