sábado, 14 de mayo de 2011

a Wally]

No entiendo por qué motivo, mis compañeros ponían polvo de tiza (de colores) en la silla de nuestro profesor de lengua, en primaria. No sólo se burlaban de alguien introvertido, sino que le arruinaban la ropa. No lo entendían en ese entonces.  Quizás hoy tampoco, y son los idiotas que me irritan por la calle.
Yo tampoco lo entendía en ese entonces, digo, el chiste. Y ahora es peor, porque tampoco lo comprendo, pero encima, me da una pena nostálgica terrible.
Hoy lo ví pasar caminando mientras yo iba en el bondi. Con sus anteojos old style, su corte de pelo de siempre, su misma campera azul que respetaba las normas del uniforme del colegio (para los alumnos, no necesariamente para los profesores), y la misma mirada condescendiente y algo sensible. 
Lo único que espero, es que hoy no le sigan haciendo lo mismo, otros compañeros de otras gentes que no encuentran el chiste.

2 comentarios:

  1. Yo tampoco entendí nunca ese tipo de bromas. Y siempre que suceden, no puedo evitar sentir lástima por la persona que las sufre y aún más lástima por quienes la idearon. "Pobres idiotas", pienso, "no saben lo que hacen".
    Nos leemos, suerte!

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