sábado, 18 de junio de 2011

insomnio#6(de la fragilidad)


Lucrecia se hizo una taza de café. Se tomó el trabajo de espumarlo bien. Lo dejó reposar. Sorbió una mínima parte de líquido y espuma como para asegurarse de su calidad. Y se quedó detenida, mirando los agujeros de la espuma. 
Eligió tres, donde sus ojos fantasearon perdidos, y quedó largo rato contemplándolos. 
Hasta que plop. 
Plop! y se reventó uno, así como así, tan firme que parecía, él.
Y Lucrecia se quedó más quietecita como para no mover la mesa y provocar otro desastre, quién concibiera la desaparición de otro de sus agujeros de espuma. 
Plop! Y se esfumó el segundo, tan seguro y diferente que parecía, él. Ella no comprendía el arrebato, porque ninguna condición había mutado. 
"Plop...", Lucrecia y su alma pendían de la última cavidad espumosa.
No era el último agujero del café, pero era el último que le pertenecía sentimentalmente.  Lucrecia pensó entonces que no quería alterar las cosas, para que dicha espumita no desapareciera. Pero también consideró que quizá  debiera alterarlas como para evitarlo.  

Lucrecia no sabía cómo pensar. Pero tampoco sabía cómo hacer para no pensar.

Entonces dejó la taza allí, llena, y se fue a dormir. Se giró antes que estallara la última esperanza sobre su bebida, desapareciendo para siempre. 
Lucrecia se quedó con la duda, pero también se quedó con una burbuja que todavía no reventó. Y que quizá no reviente nunca. 

Es que Lucrecia no entiende la fragilidad de la espuma. Ni la fragilidad humana. Ni la suya propia.



por suerte el café a veces cura su insomnio, cuando no la deja pensando cuestiones existenciales.

2 comentarios:

  1. "lloras tu
    y lloro yo
    y el cielo también,
    lloras tu y lloro yo
    que fragilidad, que fragilidad"

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