y ya te digo que estando ahí parada en la fila larguísima que atravesaba no sólo el total de la extensión del patio interno y el comedor sino también gran parte de la entrada principal yo no podía encontrarme más ansiosa ni feliz con mi glorioso ticket de papelito en la mano parada sobre el frío y soleado mediodía dominguero ante la predecible puerta blanca que pronto se abriría y comenzaría a entregar los preciados bowls cargados del delicioso elíxir de invierno cuyos aromas no sólo calientan el estómago sino que regocijan la vista fundiéndose en alegre fiesta colorida frente a nuestros mismísimos ojos maravillados que sin culpa deciden entregarse a la felicidad infinita aparecida humildemente ante ellos en forma de sopa de udon.
domingo de kermesse japonesa,
y mucho, mucho amor.
preparate, porque venís conmigo a la de primavera.

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