jueves, 29 de noviembre de 2012

Dormir, y despertar en una docena.


Hoy fue un muy mal día. Y no se va a terminar hasta que -al menos- me duerma, claro.
Lo único, el insomnio.
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Mi Yo más morboso, depre, y utopista, está esperando con ansias que llegue diciembre, sólo por si acaso.
(Por si acaso se acaba el mundo de verdad, y se termina todo esto) Quién se imagina, tan fácil!
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Mi otro Yo, simplemente se queja de su narcolepsia diurna y su perdición nocturna.
(Qué bien vendría a esta hora un poco de somnolencia, cuando los vecinos se olvidan la radio prendida en la emisora de cuartetos, bachatas y cumbias...)
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Mi tercer Yo, hace tres días que no escucha el despertador y se queda dormido, salteando ciertas obligaciones matutinas diarias.
(Qué molesto, nunca a tiempo... Después no funciona en todo el día!)

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Sólo espero que mañana al abrir los ojos, no sea como hoy, que me desperté ya con un dejo amargo, por las porquerías que mis Yo soñaron todos juntos.
No se puede empezar el día así! Se lo termina de la misma forma, casi siempre.
Tres no hacen uno, eh.

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