martes, 25 de diciembre de 2012

insomnio número tres.

Tengo mucho

mucho

mucho

mucho mucho

enojo.

Porque no sé dónde meterme, para poder estar cómoda.

No sé con quienes estar, para poder sentirme en confianza.

No sé a dónde ir, para poder sentirme en casa.

No sé qué cara poner, para no demostrar lo que me pasa.

Te amo.
Te odio.
Te amo, me reprimo.
Te odio, o debería.
Te amo, no puedo apagarlo.
Me odio, debería callarme.

Rebalso de miseria, y pienso un segundo

en que te odio demasiado como
para vivir
pero te amo demasiado como
para morir

y me distraigo pensando que no recuerdo quién dijo eso...
(aunque vivió para escribirlo)

De pronto, vuelvo del delirio, y no soporto estar acá, existiendo, tan lejos.

Porque siento cariño, y sé que todavía hay mucho, mucho más, de donde viene eso. Más cariño. Tanto... Tan clarito como siempre.
Y me aleja.

Porque te odio, y te deseo todos los males del mundo. Y después me ataca la culpa, porque no entiendo, si yo no quiero que te pase nada. 

Porque cuando me soy honesta y me calmo, me doy cuenta que no te odio, sólo estoy enojada porque no sé qué carajo hacer con vos.
Con vos en mi cabeza, que no te vas. Y hacés que me despierte triste, por soñarte todas las noches, y despertar sola, todas las mañanas.

Porque aunque quiera transformar esto en odio, no puedo. Y ahí me odio un poco a mí misma. Y no. Y tampoco.
Pero me enoja. Me enojo. Y sí.

Y calma,
calma, calma...

Respiro hondo, porque no tengo respuesta ni solución.

Después de escupir el cariño que inevitablemente me sale por los poros... lo junto pedazo a pedacito, como trocitos rotos de algo que, al salir no tuvo contención, y se hizo añicos contra el piso.

Y mientras limpio el desastre y me ensucio, me pregunto: de qué sirve escupir lo que me pasa?
De qué sirve estar acá sola, con un dibujo del fin del mundo y un cariño que no cambia, que no se achica? Porque así como está, es enorme, es infinito. Sé que no van a creerme.

La puta que lo parió, y cuánto te amo, y cuánto me resta amarte todavía.

Y ni en este momento, ni nunca, sirve de nada.
Ahora ya sólo alimenta el insomnio... y la incredulidad ajena.
Pero yo sé qué es, no me confundo.

Aunque, lo que no me deja tranquila, es: si no se lo puede frenar, de qué se lo disfraza?

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ya sé que no se va a acabar, pero...

Si realmente se estuviese por acabar el mundo, YA, así, TODO...

Qué comerías por última vez?

Qué música escucharías por última vez?

Qué releerías por última vez?

Qué querrías mirar por última vez?

A dónde querrías ir por última vez?

Qué ropa usarías, qué cosas llevarías contigo?

Quién querrías que estuviese a tu lado? O al lado de quién querrías estar?

Y qué decidirías hacer por última vez, mientras esperas el fin del mundo?



Pueden ser preguntas boludas, y seguro todos hemos visto muchas películas que nos han hecho recapacitar sobre esto (al vivir situaciones por el estilo) pero la verdad es que, aunque uno piense tener todas las respuestas, creo que, al momento de elegir, no es tan fácil.

No es tan fácil que todo se acabe, digo.





(Y yo, hasta ahora, sé una sola de todas esas respuestas...)

sábado, 1 de diciembre de 2012

Primero de diciembre.


Hoy es un día muy importante.
Este día iba a llegar, y todos lo sabíamos desde hace mucho, ya estaba todo casi planeado.
Quizás tenga elementos protocolares, pero resumiendo y honestando: necesitaba que estuvieras hoy acá. Ahí.
No se trata sólo de un deseo. De tener ganas.
Es una necesidad.
Necesitaba que alguien testimoniara esto. Que alguien así lo presenciara. No sólo yo.
Porque ya es la última.
Es todo lo que queda, y es hermoso, pero también es tan triste... Es duro.
Muchas personas van a estar cerca, muchas que entienden del tema, otras que no.
Muchas que no saben el motivo.
Ninguna que sí, salvo yo. Y vos, en parte. Lo mencioné alguna vez, es fuerte.
Y me da miedo estar en ese lugar sola. Pero no sola de soledad. No sola sin gente. Sino sola de vos.
Porque eso empezó en otra persona, que luego pasó por mí, y ahora ya no queda nada, salvo la última, aunque no es lo mismo pero es lo único que casi.
Y casi que estuviste. Casi que estuvieras.
Pero seguro que no estás.
Y es tan duro hacerlo sola, cuando pensaba dejar al menos una migaja, un rastro, en alguien más.
Alguien que no soy yo, pero casi.
Alguien que hubiera visto con mis ojos. Alguien que sepa.



Y ahora,
yo soy la última.