lunes, 4 de febrero de 2013

cual primer día de clases.

Hace un tiempito nomás, dije que nunca fui de soñar muy en grande, ni de tener demasiadas expectativas con algunas cosas.
Sin embargo, una de ellas está mágicamente (y quizás, quizás, quizás) por cumplirse.
Esto deriva en que no puedo dormir de la ansiedad, porque para colmo, yo tengo ABSOLUTAMENTE nada que ver con que se de, o no!
Me siento ante un momento de esos en que estás como si nada, y de un segundo a otro todo cambia completamente, y nada vuelve a ser igual.
Quizás, quizás, quizás.
A esto sí, repetidamente, lo quise, lo ansie, lo soñé. Aunque ni lo estaba esperando, lo cual agrega el factor sorpresa y es mejor todavía!
Ojo, es de esas pequeñeces que solamente para uno tienen significado.
Como cuando estás antojado en la playa, y justo pasa, para vos y nadie más, el churrero.
Como estar pensando en alguien y que, casualmente, te llame.
Como prender la radio, y que esté empezando tu canción favorita.
Lo malo, es que tengo que esperar hasta mañana a que muchas cosas sucedan primero, y luego ver si sí, o si no sí. O sea, si no.
Mientras tanto, no me queda otra que el insomnio, y me acuerdo de cuando era chica y estaba en el colegio, que nos iban a llevar de viaje a Mundo Marino, a la playa, y sobrepasar la noche previa me costó horrores.
Que pensás en dormirte, para que llegue más rápido. Que no podés pegar un ojo. Que imaginas la situación un montón de veces. Que te calmas y tratas de no crear más expectativas.
(igual, a esta altura de mi vida me doy cuenta que cualquier excusa es buena para que venga el  insomnio)
Pero una cosa me aflige, algo menos inocente, y es que soy una idiota por querer compartirlo. Porque no es con cualquiera, es con un boludo al que ni le importa. Y la boluda soy yo... pero se me anuda el estómago, y me pregunto por qué tiene que saberlo, por qué necesito decírselo, si me importa sólo a mi.
La verdad es que no tengo idea de la respuesta, pero quizás es algo así como un bocado de comida. Si lo comés con los ojos cerrados, no es lo mismo, aunque lo sigas sintiendo con la boca. Si lo comés con la nariz tapada, tampoco, aunque lo sientas con la boca. Te va a faltar algo en cualquier caso.
Me falta una mitad, o, para no ser tan cursi, una buena parte.
Y ese hueco de ausencia se agita con cualquier eco de risa o de feliciñez. Porque la risa nunca es completa, nunca dura demasiado. Y cuando termina, todo queda más vacío que antes.
Cuando te olvidas por un rato, duele cada vez más el acordarse.
Esto, es de esas cosas que diría me haría muy feliz si se diese-
pero probablemente yo ni me de cuenta. No porque no vaya a disfrutarlo! Sino porque me cuesta llegar al color pleno, al máximo de todo. Todo lo que voy tocando lo enturbio.
Siento que nada está a la altura, y nada compensa este vacío.
Igualmente, no entiendo la necesidad de tener que contar con determinada persona para cumplir un sueño personal, pero soy del tipo que, para completar su propia felicidad, necesita compartirla, necesita vivirla con todas las partes de su ser. Y a mi me falta una parte importante.

En definitiva, si sucede lo que creo que va a suceder, mañana vuelvo y lo digo. Y después salto en una pata y festejo pseudo feliz, aunque una vez que termine con las fiestas me acuerde de lo trivial que es esto en realidad, comparado con lo que me duele el hueco en el estómago, lleno de mariposas muertas.

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