jueves, 28 de noviembre de 2013

Miga de pan (A.K.A. "Con migo o sin migo")

Dicen que el cerebro busca caminos alternativos de sinapsis, cuando alguna de sus áreas de ramificaciones no funciona.

* * *

Tenemos que aprender más de nuestro propio cuerpo y mente.







#adaptación

domingo, 24 de noviembre de 2013

#del efecto tardío (A.K.A.: mate cocido para niños)

...Hace instantes, nomás
en el mismo estado en que me encuentro,
sacado de la nada, y en el medio de una oración, dije:
"... casi como una cueva ..."

Y segundos después me tapé la cara,
ocultando mi sonrisa irónica aunque real.
Sonrisa de recordar algo sencillo y legítimo.
De recordarme. Tremenda.

Porque, sin pensarlo, mi mente simplemente hizo  *ssswwwop!*
y recordé algo que hace mucho mucho no decía, ni hacía, ni intentaba significar.

Me acordé de la cuevita.

Y de la cuevita de chivo.

Porque la cuevita de chivo no era solamente un lugar.

Era ese lugar en el mundo,
ese momento, ese instante, esa sensación, esa actitud.
Era un sentimiento, como dicen.

Y la decisión de marmotear veinte minutos más mientras (me) preparabas el desayuno;

y luego,
mientras se tostaban las tostadas,

cuevita.

A veces me pregunto de dónde me salen estas cosas...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

#Del Viaje Al Que Nunca Me Acostumbro. (A.K.A.: Eso no se hace)



El mundo se divide en dos grupos:


la gente que empuja para meterse en el subte o tren,

y

la gente que no empuja, y muere aplastada.




Haciendo foco en ese tremendo momento en el que llega, por ejemplo, un tren.

Uno mira la cantidad de gente parada en el andén cuyos ojos se encuentran en llamas, luego hace mentalmente los cálculos aritméticos para ver en qué orden probable ingresarán al vagón, y escucha cómo finalmente las puertas se abren. Trrroc.

Si es que tuvimos la bendita suerte de quedar justo frente a la puerta del vagón, vemos cómo se abre la entrada, destapándose el interior del mismo gracias a la gente que puja por bajar haciendo ¡PLOP!. Y ojo, que ese sonido no es sólo de destape, sino del miedo de quedarse adentro que late audiblemente en las  entrañas de cada uno de esos seres.


Sincronizadamente con el arrebato de bajadas, uno siente en la nuca cómo ya la gente detrás suyo comienza a empujar, y cómo, exudando ansiedad y desespero por subir al tren, se empiezan a amontonar contra los pobres diablos ubicados delante de todo en la fila. 

A todo esto, el vagón se encuentra incómodamente repleto, por lo que sólo ingresan, cómodamente, unas cuatro o cinco personas (nótese que esta palabra, aludiendo confortabilidad, es un mero decir).


Ése, es el momento exacto cuando las personas que aún se encuentran con un pie en el anden y un pie en el transporte, aplican el fenómeno de compresión o compactación, el cual consiste en inclinarse hacia adelante hasta formar un ángulo de aproximadamente 135°, posicionar su cabeza semejando un toro, entrecerrar los ojos, y empujar con todas sus fuerzas contra la gente de adentro.

Aunque parezca lo contrario, esta gente es prácticamente inofensiva, y no son el objeto de mi queja ni atención (nótese que esta palabra, aludiendo inofensividad, es en comparación con lo que sigue, claro).



Mi censura a la humanidad recae sobre aquellos que, a todo esto, todavía se encuentran con los dos pies en el anden, no uno, sino los dos; y quienes inmediatamente terminado el proceso de compactación, asumen sus posiciones dándole la espalda al vagón y a la multitud que los mira aterrorizada sabiendo lo que prosigue. 
Cuando colocan sus manos 'estiradas en V' contra el marco de la puerta -siempre dándole la espalda a los pasajeros- se quedan quietitos cual rulo de estatua con cara de pirata agobiado por el estreñimiento.

La clave de esta postura, es aguardar al momento preciso en el que el Guarda del tren hace sonar su silbato (significando esto que consiguientemente se cerrarán las puertas) y recién en ese momento y paralelamente al cierre de las mismas, proporcionar con los 'brazos en V' la palanca suficiente como para ingresar al transporte aparentemente sin esfuerzo,  pero aplastando a las últimas personas que hubieren subido; re-comprimiendo a las primeras personas que hubieren subido educadamente; las cuales a su vez comprimirían a los viajantes que pacíficamente ya eran parte de la tripulación inicial del tren (que hasta ahora venían zafando).





Análisis de situación: el tren llega al anden, y frena ante una horda de gente desesperada por subirse. Como cuando los zombies son agresivos y tienen hambre, viste?


Luego de la gente que desesperadamente intenta bajar, suben desesperadamente los que querían entrar, en tres tandas ordenadas directamente por proporcionalidad de compresión (de menor a mayor), y el resultado no es más que un montón de ropa arrugada; carpetas de dibujo dobladas a la mitad; bolsas estrujadas e inutilizadas; espaldas con codos clavados entre sus vértebras; maletines y mochilas incrustadas en lugares varios; olidas involuntarias de chivos, alientos y emisiones ajenas surtidas; apoyadas voluntarias;  problemas de oxigenación en la gente de poca altura; vestidos manchados de barro de bici (en el caso que el vagón en cuestión sea un furgón); pisotones inesperados; miradas inquisitivas inesquivables; puteadas aleatorias y, básicamente, un montón de gente hecha mierda.

Ahí es donde soy fiel creyente que el mundo queda dividido en dos: la gente que empuja última, importándole una mierda el resto de los tripulantes, y la gente cuya caja tóracica queda reducida al tamaño de un pan lactal Fargo.

...Después me preguntan por qué llego cansada al gimnasio.



Yo soy buena gente igual, loco. Aunque también quiera y necesite viajar, soy de las que hacen la cola y si no entran, no entran; y esperan otro tren.


Pero no da hacer estas cosas. No da arrugarle la ropa a nadie... 

Porque así, termina siendo solamente la vestimenta, lo que nos diferencia de los animales.

(Encima ellos viajan en manadas, piaras, bandadas y cardúmenes mucho más ordenados y prolijos.) Psss...




#ViajarEnHoraPicoMeLastimaLaMoralYlaLumbar


viernes, 8 de noviembre de 2013

What it feels like for a girl.



Y porque leí en algún lado que no sólo existe la melancolía pasada, sino también la futura. Melancolía de saberse en otro lugar que no es el esperado, haciendo otras cosas que no serán las deseadas. Áspera proyección. Melancolía de estar allá y no aquí; de ser la otra, y no ésta; de haber sido aquella, y nunca ser la misma.

Tanto tiempo convenciéndose de no ser la correcta, de tener algo mal, de no poder controlarse ni decidir cómo ser y proceder; de tener que cambiar de piel... Termina llegando el hoy, y todavía siendo la misma, nunca se es lo que se quiere ser. O al menos se quiere ser la misma pero en otro tiempo, para al menos estar con quien se quiere estar.

Porque, estoy contigo, y luego existo. Porque soy lo que soy, pero todo lo que fui y seré, quiero serlo contigo. Porque quiero que seas éste y no aquel; porque quiero que seas todos, pero más acá y no tan allá. 
Porque todavía sos el mismo en mi cabeza, aunque en tiempo real quién sabe dónde andarás y cómo serás. Porque hoy sos el mismo, pero en otro tiempo. Y porque ¿quién me dice? quizás ya incluso seas otro. El de mi memoria, el de mi recuerdo, el de mi corazón, ya seguro que no sos. No si estás tan lejos. (Acercate.)

De todas maneras, normalmente me controlo. Esto surgió porque leí algo -a alguien- y me nostalgié. Pero me nostalgié atemporalmente. Porque leo sus palabras, y a veces creo haberlas escrito. Y me siento tonta, me siento usada. Me siento repetirme, y veo que es normal, que es así a destiempo, con todos. Con todas. Y me avergüenza saberme repetida, pero por sobre todo, saberme igual que otra y peor, igual a mi siempre, con la misma daga teatral Capulesca entre las manos entumecidas. Saberme repetida, repetitiva y tan visceral. Siempre hay una excusa, parece. Y visto desde afuera es un desastre inentendible, inaceptable; pero desde el escenario ¡ay, William! quizás tú y los tuyos me creerían. En otra época, parecería una de las tuyas. 

De todas formas, leer algo y nostalgiarse, es nostalgiarse de leer algo recordable, algo situable, comparable, y a la vez tan lejano como la que lo escribe. Porque yo siento su dolor, y empiezo a creer que nuestros abismos se hacen cada vez más grandes, y perdemos carrera. Porque si ella está tan lejos, yo estoy peor todavía. Porque en vez de consolarme con su llanto, pierdo esperanzas en mi historia. 

Quizás debería contarle, uno nunca sabe. Pero no sé si ella me entenderá como la entiendo yo. O mejor dicho, como la siento.




domingo, 3 de noviembre de 2013

#insomnio (anoche soñé contigo)




Di mil vueltas para escribir esto, porque no sabía cómo expresarlo sin que resultase extraño a la vista, o desquiciado. Pero qué más da(?)


Como cualquier pensamiento extraño que uno pueda tener, en algún arrebato de tristeza imaginé formas de olvidarte.

Ya que no puedo sacarte de mi cabeza, imaginaría ser Clementine y borrarte de cada recuerdo. Borrar los recuerdos en sí. Nunca saber que exististe. Pero luego, no, porque estaría borrando las cosas más lindas de mi memoria y de mi vida. No podría eliminarlas. Así que no cuenta como solución imaginaria.

Yendo a otro extremo, me puse a pensar en que quizás la muerte es una forma natural de olvidar a las personas; o diluirlas. Quizás mi mente te tiene presente todo el tiempo, porque está esperando encontrarte a la vuelta de la esquina, vana ilusión. Tal vez si supiese que no hay chances terrenales de volverte a cruzar, dejase de buscarte. Saberte etéreo, por causa divina y ajena. Pero luego, no, tampoco sería solución; y la tristeza sería distinta -menos pasional y más sombría-, pero aún infinita. Porque... ¿nunca pensaste qué harías si la luz de tus ojos muere? ¿Cómo te sentirías, qué le pasaría a tu cabeza? ¿Cómo se articularían tu pasado y tu futuro? ¿Cómo se desenvolvería tu presente? Quiero decir, si la persona que le da el sentido a tu alma, muere.


Entonces ¿qué otra me queda? Nada más que la realidad. Recordarte como algo lindo; saber que no debo decir más nada; luchar contra las ganas de ser optimista esperando que llegue nuestro tiempo; y mientras tanto seguir sin poder sacarte de mi cabeza, sabiéndote una ley lejana e intocable. Existes, y estás en algún lado. Basta con un bondi, un llamado, un papel, o un saludo. Pero basta de todas esas cosas, porque no debo. (Pero podría... )