domingo, 24 de noviembre de 2013

#del efecto tardío (A.K.A.: mate cocido para niños)

...Hace instantes, nomás
en el mismo estado en que me encuentro,
sacado de la nada, y en el medio de una oración, dije:
"... casi como una cueva ..."

Y segundos después me tapé la cara,
ocultando mi sonrisa irónica aunque real.
Sonrisa de recordar algo sencillo y legítimo.
De recordarme. Tremenda.

Porque, sin pensarlo, mi mente simplemente hizo  *ssswwwop!*
y recordé algo que hace mucho mucho no decía, ni hacía, ni intentaba significar.

Me acordé de la cuevita.

Y de la cuevita de chivo.

Porque la cuevita de chivo no era solamente un lugar.

Era ese lugar en el mundo,
ese momento, ese instante, esa sensación, esa actitud.
Era un sentimiento, como dicen.

Y la decisión de marmotear veinte minutos más mientras (me) preparabas el desayuno;

y luego,
mientras se tostaban las tostadas,

cuevita.

A veces me pregunto de dónde me salen estas cosas...

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