miércoles, 13 de noviembre de 2013

#Del Viaje Al Que Nunca Me Acostumbro. (A.K.A.: Eso no se hace)



El mundo se divide en dos grupos:


la gente que empuja para meterse en el subte o tren,

y

la gente que no empuja, y muere aplastada.




Haciendo foco en ese tremendo momento en el que llega, por ejemplo, un tren.

Uno mira la cantidad de gente parada en el andén cuyos ojos se encuentran en llamas, luego hace mentalmente los cálculos aritméticos para ver en qué orden probable ingresarán al vagón, y escucha cómo finalmente las puertas se abren. Trrroc.

Si es que tuvimos la bendita suerte de quedar justo frente a la puerta del vagón, vemos cómo se abre la entrada, destapándose el interior del mismo gracias a la gente que puja por bajar haciendo ¡PLOP!. Y ojo, que ese sonido no es sólo de destape, sino del miedo de quedarse adentro que late audiblemente en las  entrañas de cada uno de esos seres.


Sincronizadamente con el arrebato de bajadas, uno siente en la nuca cómo ya la gente detrás suyo comienza a empujar, y cómo, exudando ansiedad y desespero por subir al tren, se empiezan a amontonar contra los pobres diablos ubicados delante de todo en la fila. 

A todo esto, el vagón se encuentra incómodamente repleto, por lo que sólo ingresan, cómodamente, unas cuatro o cinco personas (nótese que esta palabra, aludiendo confortabilidad, es un mero decir).


Ése, es el momento exacto cuando las personas que aún se encuentran con un pie en el anden y un pie en el transporte, aplican el fenómeno de compresión o compactación, el cual consiste en inclinarse hacia adelante hasta formar un ángulo de aproximadamente 135°, posicionar su cabeza semejando un toro, entrecerrar los ojos, y empujar con todas sus fuerzas contra la gente de adentro.

Aunque parezca lo contrario, esta gente es prácticamente inofensiva, y no son el objeto de mi queja ni atención (nótese que esta palabra, aludiendo inofensividad, es en comparación con lo que sigue, claro).



Mi censura a la humanidad recae sobre aquellos que, a todo esto, todavía se encuentran con los dos pies en el anden, no uno, sino los dos; y quienes inmediatamente terminado el proceso de compactación, asumen sus posiciones dándole la espalda al vagón y a la multitud que los mira aterrorizada sabiendo lo que prosigue. 
Cuando colocan sus manos 'estiradas en V' contra el marco de la puerta -siempre dándole la espalda a los pasajeros- se quedan quietitos cual rulo de estatua con cara de pirata agobiado por el estreñimiento.

La clave de esta postura, es aguardar al momento preciso en el que el Guarda del tren hace sonar su silbato (significando esto que consiguientemente se cerrarán las puertas) y recién en ese momento y paralelamente al cierre de las mismas, proporcionar con los 'brazos en V' la palanca suficiente como para ingresar al transporte aparentemente sin esfuerzo,  pero aplastando a las últimas personas que hubieren subido; re-comprimiendo a las primeras personas que hubieren subido educadamente; las cuales a su vez comprimirían a los viajantes que pacíficamente ya eran parte de la tripulación inicial del tren (que hasta ahora venían zafando).





Análisis de situación: el tren llega al anden, y frena ante una horda de gente desesperada por subirse. Como cuando los zombies son agresivos y tienen hambre, viste?


Luego de la gente que desesperadamente intenta bajar, suben desesperadamente los que querían entrar, en tres tandas ordenadas directamente por proporcionalidad de compresión (de menor a mayor), y el resultado no es más que un montón de ropa arrugada; carpetas de dibujo dobladas a la mitad; bolsas estrujadas e inutilizadas; espaldas con codos clavados entre sus vértebras; maletines y mochilas incrustadas en lugares varios; olidas involuntarias de chivos, alientos y emisiones ajenas surtidas; apoyadas voluntarias;  problemas de oxigenación en la gente de poca altura; vestidos manchados de barro de bici (en el caso que el vagón en cuestión sea un furgón); pisotones inesperados; miradas inquisitivas inesquivables; puteadas aleatorias y, básicamente, un montón de gente hecha mierda.

Ahí es donde soy fiel creyente que el mundo queda dividido en dos: la gente que empuja última, importándole una mierda el resto de los tripulantes, y la gente cuya caja tóracica queda reducida al tamaño de un pan lactal Fargo.

...Después me preguntan por qué llego cansada al gimnasio.



Yo soy buena gente igual, loco. Aunque también quiera y necesite viajar, soy de las que hacen la cola y si no entran, no entran; y esperan otro tren.


Pero no da hacer estas cosas. No da arrugarle la ropa a nadie... 

Porque así, termina siendo solamente la vestimenta, lo que nos diferencia de los animales.

(Encima ellos viajan en manadas, piaras, bandadas y cardúmenes mucho más ordenados y prolijos.) Psss...




#ViajarEnHoraPicoMeLastimaLaMoralYlaLumbar


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