jueves, 30 de enero de 2014

A veces, el viento los amontona.


Hoy me pasó algo extraño en la calle.

Estaba parada a media cuadra de una avenida importante, llena de gente. Estaba esperando a alguien. Pleno corazón de la ciudad. Yo, al borde de una librería conocida, mirando el teléfono. Leyendo sus palabras de "En cinco estoy ahí, ¿por qué llegaste tan temprano?". En esos cinco minutos que Él me hizo esperar, pasó algo tan espontáneo como curioso.


De la nada, se me acercó alguien. Un muchacho. Esos que no aparentan más edad que la de uno (?) Algo así, pero mayorEn realidad, lo vi venir caminando desde la esquina, exactamente en línea diagonal hacia mi. Tenía un bolso enorme. Cruzó toda la vereda en mi dirección.

Se apoyó contra la vidriera, medio de costado, y sin mirarme dijo: 
A que adivino lo que vos hacés. ¡Hacés arte!. 

Si eso no fue lo primero que dijo, al menos es lo primero que recuerdo. Me crucé de brazos.
Luego de su comentario inicial, siguió una breve -y ya común (?) conversación- sobre mi perfil vocacional. "No, no hago arte pero últimamente inspiro esas ideas en la gente, ah si, a vos también te pareció, igualmente el diseño me gusta sí sí, un poco de todo, si, lo textil, estético, música, si, aunque en realidad me dedico a blablablabla."


De pronto, me intercepta con un serio aunque pícaro:
Ah, pero vos sos como yo. ¿Vos sos como  yo?. 
Tenía ojos claros, creo que algo de barba. 
Al principio no entendí. Pero él había estado mirando en dirección a mi brazo izquierdo.
Ehhm, ¡no sé! ¿Cómo sos vos? dije riendo; y señalé .Esto significa muchas cosas.

Él seguía sonriendo mientras relojeaba el arcoiris junto al A159WA en mi muñeca.

Bueno......... no séeeee. ¿A ver, qué significa? dijo entrecerrando las pestañas coquetas, casi como en una invitación.


Le conté que para mi, el arcoiris en mi muñeca, significa que somos tan solo un envase. Que la etiqueta no importa. Que podés ser como quieras. 


Se rió divertido, creo:
Nunca había pensado eso, nunca lo había visto así. Interesante...


Luego, charlamos sobre cavernícolas y retrógradas. Según él, no había tantos. Según mi punto de vista, sí. Posteriormente coincidimos en que, en comparación a otras épocas anteriores, quizás sí haya menos... pero siguen existiendo demasiados, aún. 
Demasiados cavernícolas que molestan, censuran, arruinan, afean y entristecen la ciudad y los rostros arcoiris. 

Porque no es sólo una bandera. El arcoiris es de cualquiera, para lo que se lo requiera. Porque significa que cada uno puede ser como quiera.

Yo, soy Ramona. Y tengo el pelo de colores. Y también soy friki, y me importa un cuerno. 


* * * 

Antes de irse, me regaló unas gomitas para el pelo, que hicieran juego con los colores de mi cabeza. Me dio una verde y una azul. Miré el montoncito que sostenía, y le dije que él también llevaba en sus manos la bandera. Me contó, también, que a veces hacía poemas y se inspiraba con cosas. Se había inspirado conmigo. 

De pronto se fue, medio apurado, porque los cinco minutos ya habían pasado, y Él ya había llegado y me estaba esperando.


martes, 28 de enero de 2014

Hola, soy Ramona!




Y quiero hacer clic sobre vos, 
pero no sé cuántas vidas te quedan.




Face-B-Bomb♥

sábado, 25 de enero de 2014

Naumaquias y pantomimas (©Shua)


"Al principio los hombres nos imitaban. Los antiguos romanos, sobre todo, llegaron a obtener cierto grado de perfección. En las pantomimas circenses, los actores eran por lo general criminales condenados a muerte. Salían a la arena con túnicas bordadas en oro y mantos de púrpura. De pronto, los vestidos se incendiaban, y los delincuentes morían quemados. El populacho llamaba a estas prendas la túnica molesta. También se los embadurnaba de resina y de pez: al arder se convertían en antorchas humanas que iluminaban la noche. A veces las pantomimas recreaban con autenticidad hechos históricos, o mitos más o menos trágicos, como la castración de Atis.
Pero los combates de tropas y sobre todo las naumaquias, simulacros de batallas navales, eran mucho más sangrientos, por la cantidad de participantes. La más importante de las naumaquias fue, sin duda, la que organizó el emperador Claudio en el año 52. En un enorme lago artificial donde se enfrentaron la falsa flota de Sicilia contra la de Rodas, diecinuevemil hombres combatieron a muerte.
Entre nosotros, no hubo un espectáculo popular tan exitoso como el de la Segunda Guerra Mundial, por su duración y por la cantidad de personas involucradas.
Sin embargo, cuando terminó, se alzaron algunas voces de condena. Habían muerto cincuenta y cinco millones de seres humanos, que no se reproducen con facilidad. Desde entonces, y sobre todo a partir del desarrollo de las armas nucleares (¡tienen una maravillosa inventiva!) se prefieren enfrentamientos limitados, como Vietnam, las guerras tribales del África, el terrorismo, los Balcanes, en fin, situaciones acotadas que nos permiten disfrutar del espectáculo y promover las apuestas sin poner en verdadero riesgo a esta entretenida y belicosa especie."



Fenómenos de Circo
emecé 
2011

viernes, 17 de enero de 2014

domingo, 5 de enero de 2014

de la propia ausencia (a.k.a.: pocas nueces)







mucho silencio acá,

puede significar mucho silencio en mi cabeza




o también, mucho ruido...








jueves, 2 de enero de 2014

de las cosas hermosas.

Hoy vi amor... amor joven, amor nuevo.

Amor ajeno y dulce -y digo ajeno, a los propios ojos de su portador-.

Amor brillante y aún así, oculto; porque es el que se siente, antes de saber que uno siente tanto amor por alguien.

Pero el corazón avisa. Y el cuerpo también.
Ese brillo en los ojos, esa caricia pacífica, ese roce sutil y casi por coincidencia, aunque esperado.


Hoy vi los ojos de una muchacha, resplandecer ante una sonrisa espontánea; avivarse ante una complicidad sugerente pero llena de inocencia. Seguí su mirada, y terminaba en él.

Y reconocí ese sentimiento, lo recordé.
No, el "amor" en sí, no.
Como dije, hablo del instante previo a la conciencia del ser querido, y el ser queriendo.

Hable del amor en puerta; del amor antes del propio amor.

Hablo de la sensación mágica y resplandeciente que invade el rostro, manos, y alma, de una persona que mira a otra con inmenso cariño. Persona que, entre la multitud, encuentra paz y alegría efervescente en un sólo individuo, el cual es capaz de opacar al resto de la fiesta haciendo... nada. Persona cuyos ojos tienen un solo objetivo, un solo punto de enfoque.

Y allí, la persona comienza a darse cuenta de que algo sucede. Algo le sucede. Pero quizás no está segura aún.

Hablo de la sensación de bienestar y comodidad que da una cara conocida, familiar, y deseada, cuando se la encuentra entre toda la gente. Hablo de cuando se busca esa cara conocida, familiar y deseada, entre la multitud.
Eso es la previa, y la persona comienza a darse cuenta de que algo, definitivamente, está sucediendo, y ya no es ella sola.

Porque cuando dos personas se conectan como si estuvieran dentro de una burbuja transparente, el resto no importa, el resto no existe, sólo los dos. Sólo sus miradas, su cercanía, y la calidez del amor latente en cada uno de ellos. Eso es amor: todavía sin nombre, sin rutina, sin atajos, pero amor al fin.

Y se aman, comienzan a amarse.
Ninguno lo sabe todavía, pero es tan evidente...