sábado, 8 de marzo de 2014

De cómo responder una pregunta que todavía no respondí ni sé si tiene respuesta.


No sé ni cómo ordenar este post. Básicamente, comencé a escribirlo de abajo hacia arriba... porque no tengo idea de cómo decir lo que quisiera decir. Quizás tendría que atenerme al dicho "si no tienes nada inteligente para decir, mejor di nada", pero meh, internet tiene lugar para todo.


Desde hace un tiempo que vengo recurriendo a la técnica de distracción ante ciertas cuestiones (llamémoslas "irritaciones sentimentales"), por lo que vengo relajada mentalmente menos mambeada que en otros momentos de mi vida, y con una actitud que intenta ser relajada (pero termina rayando en el desinterés).


Aún así, uno siempre tiene cosas en el mate, y aunque trato de ordenar las ideas, mi mente se encuentra en estado de brainstorming permanente. Esto quiere decir que hay pensamientos por la mitad, ideas completas, palabras sueltas, imágenes, deseos, molestias, y polvo por todos lados.
Encima, las cosas destacables que puedo sacar, no necesariamente son una guía de mi accionar, sino que a veces desconciertan bastante, porque salen y es como que no tienen que ver con nada de nada. Entonces, de dónde salen quisiera saber.


Por un lado, existe la premisa de que, para obtener resultados nunca antes obtenidos, se tienen que hacer experimentos nunca antes realizados. Ok. Hasta ahí bárbaro. Eso lo entiendo y lo apaño, aunque por ahora no lo he practicado mucho.


Después, puedo rescatar un par de palabras sueltas. Ideas muy tiradas de los pelos.

Espontaneidad.
Sencillez.
Descontractura.
Futuro/Pasado (en ese orden).
Prueba/Error.
Relajo/Desgano.
Metas/Orden/Prioridades.


Y también escribiendo esto, no sé por qué me puse a pensar en Descartes y su racionalismo. Todo ese tema de los sentidos y su engañosa manera de ser. Creo que me va a dar un insomnio del tamaño de una falacia. 

¿A qué voy con todo esto? (O a qué me gustaría ir) A la toma de decisiones. A la acción. Al por qué uno hace, o deja de hacer. Y cómo. Y gracias a qué.

No todas las personas tienen la cabeza carburando cotidianamente al mismo nivel, y tampoco hacen uso de la razón tan abiertamente. Pero una persona más o menos consciente de la realidad como tal; consciente de cómo es ella misma, de cómo son los que la rodean, y de cómo es lo que la envuelve, tiene una visión más o menos racional de cómo funcionan las cosas... del porqué de muchas cosas. Una persona así, detecta el momento justo en el que se presenta una situación ante la cual debe decidir qué acción tomar, o qué cosa decir, sabiendo que tendrá repercusiones de todo tipo y en varios aspectos. Es entonces que detiene el tiempo en su cabeza (mientras el otro espera que ella tome una decisión), y piensa qué hacer, cuáles son las opciones, se abren ramas de todo tipo. Ramas causales.
Porque, claro, quizás no hay nada planeado, y la pregunta sorprende. Quizás tampoco se (pre)estableció un deseo o un proyecto, siquiera una meta. Entonces, llegado ese punto... ¿Qué se hace? ¿Cómo se decide ante un interrogante o una propuesta que no se tenía contemplada?.

Dicen que la mejor manera de decidirse en algo, es tirando una moneda. Porque una vez la moneda esté en el aire, tu corazón (o mente) te dirá la respuesta correcta. Bah, o al menos la deseada.
Y hasta he hecho la prueba en algún que otro contexto, y funciona. Pero en determinados casos no viene a tema. No sirve. 

Entonces, vuelvo a la pregunta anterior: ¿Cómo decidirse en algo que repentinamente es preguntado (literalmente o no), si no existe aparente deseo por ninguna causa en particular? Arriesgarse o no arriesgarse. Pero arriesgarse a qué. Hay veces en que en ese desglose y ramificación causal, hay muchas variables y espacios en blanco, por falta de información o conocimiento de causa. Ahí se complica más decidirse por algo. Es lo desconocido o lo desconocido.

Quizás siempre haya que decir que sí, como en esa película de Jim Carrey. No le fue tan mal. 
Aunque recordando que Hollywood es muy diferente a como es la vida, quizás no sea buen consejo.

Por otro lado, a veces lo que uno tiene en cuenta a la hora de decidir algo (lo he usado varias veces, aunque subjetivo) es la lista de pros y contras. Claro que pareciera mucha elaboración para algo sentimental, ¿no? Freeeeak.


Entonces, si sólo nos podemos guiar por nuestro corazón... ¿tenemos que esperar a que despierte?
Ciegos como vamos por la vida, esperando que se despierte nuestro lado sentimental, a veces tenemos que tomar decisiones que no pueden esperar a que el corazón comience a trabajar. Porque así como existe el amor a primera vista, también existe todo lo contrario. Y allí la historia tiene que seguir corriendo hasta su desenlace. ¿Pero si no sabemos a dónde vamos, cómo sabemos que vamos a algún lado? No me vengan con esas boludeces de que el camino es lo que importa y que siempre se aprende algo y blablabla. A veces hay deadends. Y no están buenos. Hay mucho camino en círculo, al pedo.


Además, ¿qué pasa con la desincronización humana? O sea, cuando la otra persona está avanzada, en un nivel distinto al nuestro... Allí de pronto te hacen un planteo, o te preguntan algo súbitamente, y vos te ves envuelto en una camisa de no sé cuántas varas, pero más de las que te gustaría, seguramente. 

¿Existe algo para despertar rápido al corazón y preguntarle qué quiere? ¿O hay que esperar que aparezca solo? ¿Y qué hacemos y/o decimos mientras tanto? ¿Vamos concienzudamente, esperando que el cerebro no meta la pata?

Eso de "probar a ver si funciona" nunca me convenció demasiado. Y es que no me siento muy a gusto jugando con las emociones de la gente. Ni siquiera me gusta jugar con las mías! Aún así vivo haciendo malabares.

No sé por qué siento que perdí mi intuición femenina en alguna parte de la ciudad. Estoy esperando encontrarla pronto porque me siento más zombi que nunca. 

Por las dudas le digo que no a todo. No sea cosa que después me tilden de rompecorazones o viuda negra...



Estas cosas me pasan porque me topo con gente poco firme, que no toma cartas en el asunto y me mandan a mí decidir el curso de las cosas. Yo qué sé! Si no estoy segura que sí, debe ser que no! (eso es otra cosa que suele rondarme).

Lo peor es que me preguntaron directamente y yo no sabía qué contestar. O sea, no quise decir "no" (tan sólo por ser una oportunidad, probablemente) pero tampoco tuve tantas ganas de decir que "sí". Lo peor fue que cuando me dijeron "Bueno, quizás no sabés lo que querés y está bien" yo me mordí la lengua para no pecar de contestadora. Porque en realidad sí se qué quiero, pero no sé dónde estará. Y no da contestar eso. Es medio fuerte.

¿Tengo que buscar lugar por lugar? ¿O filtrar y clavar banderita conformista? La búsqueda puede ser infinita si se quiere...


Creo que no llegué a un cierre de post, pero siendo la hora que es, me doy el lujo de terminar acá y conformarme con lo limpio que logré obtener. Fue mejor de lo que pensaba, ¡aunque logré hacer todas las preguntas sin una respuesta! 

Aún. 

Cuando la tenga, volveré.-



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