domingo, 9 de marzo de 2014

Duro.


A la cuarta copa efervescente, me dan ganas de saltarte encima, olerte, llamarte, seducirte, encontrarte, desvestirte con las manos, morderte, buscarte, callarte, desvestirte con la mirada (no necesariamente en ese orden). 

Ahí es cuando me doy cuenta de que sos un pasatiempo. O proyecto de.

Porque, hasta estando narcóticamente alterada, hay cosas que no haría, y gente a la que no llamaría, por respeto a lo legítimo y al decoro. Siempre queda un rastro de conciencia y nitidez controlada. 

Pero te llamaría a vos, sí. Y no te creas, no es por ser único y especial. Es porque -en este caso- no me importa el derroche, y luego la ausencia. No me afecta... No me inhibe el despilfarre bacano, y el corte de rostro consiguiente. No me preocupa la superficialidad aplicada al objeto de mi saciedad. Claramente, no me interesás demasiado.

Me interesa morderte cuando tenga ganas, y que no me dirijas la palabra hasta que yo no te avise. Te vas a dar cuenta, igual, no te preocupes. Te voy a avisar. O no.

3 comentarios:

  1. Ja!
    Me gusta como escribís y me gusta tu blog. Te acabo de descubrir y estás hace un montón.
    Beso grande

    ResponderEliminar
  2. Hola Eli! Gracias y pasate cuando quieras... Acá siempre está entornada la puerta... :)

    ResponderEliminar