domingo, 30 de marzo de 2014

Perro de dos cabezas.

A veces digo "ya fue", y mando todo al diablo. Simplemente comienzo a decir lo que realmente me parece, sea cual fuere la ocasión, sin tapujos.

Resulta que más de una vez, en lugar de ser algo negativo, termina siendo una resolución liberadora; porque me quita presión, me provoca una agradable sensación de bienestar y tranquilidad al no tener que llevar nada a cuestas; por no tener que cumplir el protocolo, ni cuidar al resto, o ser precavida, adecuada, correcta, perfecta. 

Inclusive, he intentado aplicar esta actitud directamente a las personas, y también ha resultado fructífero. Porque en vez de herir sensibilidades ajenas, termino ganando adeptos y encontrando relaciones más simples y relajadas.


Ojo, que hubo veces en las que retiré todos los filtros -intentando ser descortés a propósito, diciendo lo que pensaba de manera casi desafiante- pero, en lugar de alejarse, el individuo me agradeció por la honestidad y se apegó aún más. Eso fue confuso, porque quise usarlo como arma de aleje y fue arma de pegue. De todas maneras terminó siendo buen pegue, y mejoraron las cosas.





A veces hay que bajar la guardia. 


A veces hay que apuntar justo a la cabeza. 


Y a veces, hay que hacer cualquiera de las dos cosas, y ver qué pasa. 





Nunca sabemos nada, qué lo parió...







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