lunes, 24 de marzo de 2014

Todos los grises llevan blanco.


La historia se repite:
aquí y ahora / allá y ayer,
todo repetido como un disco de mil años

años en los que las mismas personas, distintas,
pasaron por las mismas cosas, parecidas,
y todo, todo, todo,
otra vez, siempre
porque nunca dejó de ser
(lo mismo)

Y otra vez, los sentimientos, los mismos
y otra vez, las mismas palabras, desordenadas
y otra vez y otra vez
las mismas caras, las mismas risas, las lágrimas
tienen todas más o menos sal, pero la tienen
porque el dolor es el mismo, con otros nombres.

Y las parejas se encuentran, y se olvidan;
ellos se acuestan juntos, y no se hablan;
ellas los engañan, ellos las dejan;
ellos se miran y no pueden olvidarse;
ella lo espera, pero él nunca vuelve;
(y ella lo espera, por siempre)
él la desea, pero no se lo dice;
ella y él intrépidos, escapan juntos;
él la quiere, pero debe irse;
ella está expectante, pero él no se da cuenta;
él espera su apoyo, y ella es egoísta;
ella deja todo por él, pero él no lo sabe;
ellos proyectan, planifican;
ellos pierden, ellos buscan;
ella sola, él solo, ella triste, él triste;
él contento, ella extasiada, ellos felices;
y los hijos, y los hijos, los mismos;
y la gente de viaje, la gente en la calle,
la misma calle hace tanto tiempo.
 
Tanta vereda caminada, pisada
tantos corazones caminados, pisoteados
tantas bocas besadas, siempre los mismos besos
tantas manos pasadas, tantos abrazos, miradas de lejos
los mismos crímenes, las mismas pasiones, los mismos antojos, las mismas razones
las mismas locuras, los mismos abismos.

Que la felicidad se repita! Lo vale.

Más lo que aún no comprendo, es cómo podemos seguir viviendo
tantas personas desde siempre, con el mismo dolor.

¿Cómo es que nunca se acaba, cómo es que re-vivimos errantes?

¿Cómo es que nuestras vidas finitas, son infinitas en los sentimientos, sobre todo en el dolor?

Vergüenza y alivio, copiar generación tras generación las dolencias.
Certeza de desencuentro, resignación histórica, consuelo generacional, frustración compartida, herencia repetida.


Romeo y Julieta nunca se acaba

y aunque vivimos fugazmente,
lentamente y hasta el fin de los tiempos, 
eternamente (por siempre)

morimos 
de 

amor.


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