martes, 13 de mayo de 2014

Curita, por favor.


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Este posteo, surgió por algo que le pasó a una amiga. 
Nunca creí poder decirle a alguien "Ya sé cómo se siente, pero sobrevivís." 
De todas maneras, nunca creí sobrevivir a eso, tampoco. 
Creo que aún lo estoy sobreviviendo.
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Y un día cualquiera, el otro toma esa decisión por nosotros. Por ambos.

Finalmente, es el otro quien dice eso que queríamos decir, pero que nos aterrorizaba pronunciar en voz alta.


"Esto no va más". 




Y en el fondo sabemos que es cierto, por supuesto. 
Sabemos que es lo que necesitábamos decir desde hace mucho tiempo. 
Sabemos que es lo que necesitábamos hacer desde hace mucho tiempo. 
Sabemos que es lo lógico (por como venían las cosas: mal). 
Sabemos que no hubiésemos tenido el valor de decirlo primero. 
Sabemos que lo mejor es que las cosas se hayan dado así, siendo el otro el que nos encare. 
Sabemos que la parte más difícil era tomar esa decisión, la decisión de hablar en voz alta. 
Sabemos alguien tenía que decirlo. Sabemos que siempre es mejor que lo diga el otro.

O no.


Porque, en ese momento, dejamos de pensar con la cabeza, y volvemos a pensar con el corazón. 



Y entramos en pánico.


"No, no me dejes. No nos dejes. Somos... nosotros. No podemos dejar de ser nosotros."






Y aparece el llanto, el querer que la tierra nos haga desaparecer en ese mismo instante. El volver el tiempo atrás, aunque sea días, minutos, segundos.
Cuando el otro viene y nos dice "Me parece que esto no va más, tendríamos que terminar esto. Lo mejor es separarnos", nos olvidamos de toda la bronca, impotencia, frustración y descontento que sentíamos unos días atrás... Nos inunda la peor sensación de nuestras vidas: la sensación de desborde, de derrame... El amor se va. El amor se fue. Nos están dejando, y con el alma hecha pedazos.
Aparece una desesperación semejante a intentar agarrar agua con nuestras manos. Nunca vamos a poder contenerla. Nunca vamos a poder retenerla. Y una vez que esa agua haya caído en el mar, sabemos que no la vamos a volver a ver nunca más.



Pero alguien tenía que decirlo. Y hacerlo.
Y era mejor que lo dijera el otro. 
O no?


Hay cosas para las que uno nunca está preparado, como por ejemplo, arrancarse una curita. Porque si la dejamos puesta eternamente, se pudre todo lo que hay debajo. Y luego será peor, siempre peor. 

A fin de cuentas, ese consejo de abuela: "de amor no se murió nunca nadie", es cierto. 


O no.


2 comentarios:

  1. Cada vez que leo éste blog es como leer las cosas que nunca supe como escribir, dios!

    PD: La niña de guatemala.. esa si murió de amor eh.. ;) arriba!

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  2. Me ha pasado con otros blogs y está bueno, je. Gracias! :)
    La niña de Guatemala?
    El mejor (o peor) caso de muerte por amor que se me ocurre, en definitiva tampoco fue por amor. Fue una combineta de veneno-daga... No cuenta! ja

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