viernes, 14 de noviembre de 2014

Sin control.



No me sorprende, 
más bien me angustia, pensar que estoy inundada.




Rebalso en llanto desde que tengo memoria... y nunca se acaba.




Pero no hablo de un simple lloriqueo inducido, no hablo de una histeria pasajera, no hablo de una sensibilidad caprichosa: hablo del más profundo de los vacíos; del más arraigado de los desazones; de la veta más amarga y sombría de mi ser. 
Y ese ser existe siempre, solo que a veces rebalsa en sí mismo; a veces se supera y se desborda; a veces se resigna intranquilo, y se entrega a su propia historia. 


Es en ese momento cuando me ahogo en mi misma, y sé que ya no puedo salir, ni podré jamás, porque... 


...yo soy la piedra que cae, y el abismo que la recibe.